Wednesday, December 12, 2012
When it comes to immigration policy reform, what does the newly found “Latino Power” mean?
Wednesday, June 30, 2010
Reformando la ley de inmigración: Un proceso largo de lucha, con batallas inmediatas que urgen ser ganadas
A partir del año 2002, mayormente ante el fracaso de campañas nacionales tales como “Fix 96,” dirigida por el National Immigration Forum; y la campaña en pro de la restauración de acceso a beneficios públicos para residentes permanentes, dirigida por el Center for Community Change; se configuro el concepto conocido como Reforma Comprensiva a la Ley de Inmigración. Este concepto y las múltiples conjugaciones organizacionales conformadas para el impulso de la misma, han dominado el trabajo de incidencia legislativa en cuanto a ley de inmigración y ha tenido también un impacto determinante en la manera como se ha desarrollado el trabajo pro derechos de inmigrantes en los Estados Unidos de América hasta esta fecha. De manera más reciente, el consorcio de organizaciones que han controlado el desarrollo del trabajo nacional en torno al concepto denominado CIR, han convergido en la campaña denominada “Reform Immigration for América” o RIFA por sus siglas en ingles. Este enfoque de trabajo sufrió un serio revés en el año 2007, y parece encaminarse nuevamente a una nueva derrota en el 2010. Para que el trabajo pro reforma migratoria justa, humanista y funcional pueda tornarse en un esfuerzo ganador; y si el trabajo pro derechos de inmigrantes a de tornarse en un verdadero movimiento social pro justicia; se vuelve imperativo dejar atrás el esquema denominado CIR y abrirle paso a nuevos enfoques verdaderamente estratégicos de trabajo que nos permitan desafiar los fundamentos racistas, xenófobos y pseudo nacionalistas del ataque sistemático en contra de los inmigrantes de hoy; y a su vez favorecer el entendimiento y la armonía social. Únicamente de esta manera vamos a comenzar a tener éxito en la necesaria labor de equipar al país con una ley de inmigración a la medida del siglo 21, y que a su vez rescate valores fundacionales de los EUA tales como la igualdad y la justicia para todos.
Desdichadamente, junio del 2010 nos encuentra una vez mas muy lejos de los cambios sustantivos que el país necesita y que las comunidades inmigrantes se merecen en cuanto a ley de inmigración, como también en cuanto al trato que reciben las personas migrantes en la sociedad estadounidense. El pasado 21 de marzo, cerca de 250,000 personas, mayormente inmigrantes latinoamericanos, se concentraron en Washington, DC, la ciudad capital de los Estados Unidos de América (EUA), para demandar reformas en la política de inmigración. Los manifestantes protestaron también por la manera en que la Administración Obama ha venido aplicando la ley actual. En los días previos a la movilización se dieron a conocer los datos de personas extranjeras deportadas a lo largo del año fiscal que concluyo el pasado 31 de octubre. En síntesis, alrededor de 387,000 personas fueron deportadas en dicho año, la vasta mayoría de ellos latinoamericanos y caribeños, con los mexicanos a la cabeza, con más de 250,000 deportados. Aun cuando la rama ejecutiva es responsable de aplicar las leyes existentes, el caso de la ley de inmigración plantea un desafío ético y moral para el Presidente Obama, pues en más de una ocasión el presidente ha afirmado que la ley actual es injusta, disfuncional e ineficaz.
La decisión de organizar la movilización del 21 de marzo, fue principalmente hecha por las organizaciones dirigentes de la campaña nacional denominada “Reform Immigration for América (RIFA),” como una medida extraordinaria con la cual se buscaba inyectarle vitalidad a los esfuerzos en pro de una reforma legislativa al estilo CIR. Lo cierto es que a pesar de la vasta capacidad operacional de RIFA, resultada de su incuestionable éxito en el campo de la recaudación de fondos; el año 2009 termino sin que las predicciones triunfalistas hechas por la dirigencia de RIFA desde finales del 2008 se materializaran. No solamente se terminó el 2009 sin que se aprobara una reforma al estilo CIR, sino que además, la propuesta bipartidista senatorial que RIFA había identificado como el vehículo estratégico para el avance de una reforma comprensiva, ni siquiera llegó a ser presentada en el 2009.
Como muchos recordaran, en la Casa de Representantes sí se presentó una propuesta de reforma comprensiva a la ley de inmigración a mediados de diciembre de 2009. Se trata de la propuesta conocida como CIR-ASAP (H.R. 4321). Dicha propuesta fue presentada de manera conjunta por los Representantes miembros de los siguientes comités de afinidad en la Casa de Representantes: Hispano, asiático, afro-americano y progresista. Sin embargo, en los círculos de dirigencia de RIFA, había un entendimiento claro que la propuesta presentada en la Casa de Representantes tenia únicamente la intención de servir como factor de motivación para las bases sociales de las organizaciones que RIFA había venido incorporando a su campaña de cabildeo y que después de varias predicciones no cumplidas de éxito, habían comenzado a cuestionar la viabilidad del robusto esfuerzo organizacional encabezado por una cúpula de organizaciones predominantemente basadas en la ciudad capital. El vehículo legislativo supuestamente ganador seguía siendo la inexistente propuesta bipartidista que se esperaba que surgiera desde el Senado.
La expectativa original de las organizaciones de Washington que estaban posicionadas para controlar el mensaje publicitario en torno a la marcha del 21 de marzo era que para ese día ya se contara con la rumorada propuesta de reforma en el Senado que habían venido privadamente trabajando los Senadores Schumer (D-NY) y Graham (R-SC). De haberse contado con la propuesta bipartidista en el Senado, la marcha se habría convertido en la evidencia del apoyo masivo con el que dicha propuesta contaría. Para la consternación de la dirigencia de RIFA, la esperada propuesta no llego a presentarse. Los organizadores tuvieron que conformarse con una columna de opinión escrita por los dos senadores antes mencionados y publicada por el periódico Washington Post, expresando su intención de trabajar en la presentación, eventualmente, de una propuesta de reforma comprensiva a la ley de inmigración en el Senado. La tarde de ese mismo viernes, la dirigencia de RIFA logro conseguir una reunión entre el Presidente Obama y los dos senadores ya mencionados. Sin embargo, para el final de esa misma tarde, el senador Graham declaro que si los demócratas decidían aprobar la reforma al sistema de salud del país sin apoyo republicano (tal y como eventualmente sucedió), eso pondría en peligro la colaboración bipartidista en otros temas de política pública considerados como prioridades para la nación, incluyendo la ley de inmigración.
A pesar que la movilización del 21 de marzo fue la más grande en el país en pro de reformas a la ley de inmigración desde la primavera del año 2006, su impacto en cuanto a cambiar las grandes tendencias políticas y legislativas del país, y particularmente del Congreso de los EUA, fue prácticamente nulo. Además, la marcha misma sucedió bajo la sombra de un apasionado debate legislativo en la Casa de Representantes, en torno a la propuesta de reforma al sistema de salud, que culmino ese mismo día con un voto de aprobación de dicha propuesta, sin ningún voto republicano a favor. Además de no haber reorientado las grandes tendencias nacionales, esta gran movilización no tuvo impacto significativo alguno en lo referente a cambiar la actitud renuente demostrada hasta esta fecha por la bancada demócrata en el congreso, ni las actitudes llanamente xenófobas y racistas que han predominado dentro de la bancada republicana.
Posterior a la multitudinaria marcha del 21 de marzo, RIFA convoco a una jornada de actividades de presión a senadores para el sábado 10 de abril. La más importante de estas acciones se llevó a cabo en Las Vegas, Nevada. En dicha actividad, el senador Harry Reid, quien es el jefe de la bancada demócrata en el Senado de los EUA, y quien está enfrentando el mayor desafío electoral en su historia, se comprometió a regresar a la ciudad capital con el fin explícito de elevar el tema de la reforma comprensiva a la política de inmigración, al más alto nivel de prioridad. Sin embargo, dentro de las dos semanas posteriores, el mismo senador se encargó de bajar los ánimos y a cambiar su promesa del día 10 de abril, por un vago compromiso de iniciar esfuerzos en la dirección de una reforma comprensiva en el 2010.
En los días posteriores a la aprobación de la propuesta de ley SB-1070, los senadores demócratas federales Schumer (NY), Reid (NV), Menéndez (NJ) y Feinstein (CA), presentaron un marco conceptual para una propuesta de reforma a la ley de inmigración. Dicho marco hizo eco a todo lo que se supone que el Sen. Schumer había venido negociando con el Senador Republicano Lindsey Graham, y va aún más lejos en su aceptación de conceptos punitivos, restrictivos, excluyentes y humillantes de las personas migrantes no autorizadas que ya residen en el país. Las respuestas al restrictivo marco conceptual presentado por los demócratas fueron muy variadas. Organizaciones nacionales de inmigrantes como NALACC, se pronunciaron enérgicamente en contra del marco conceptual, por considerarlo como una enorme concesión unilateral hacia los sectores políticos motivados por prejuicios racistas y xenofóbicos.
Las organizaciones nacionales dirigentes de RIFA, se pronunciaron mayormente en apoyo a dicho anuncio, calificándolo como un paso positivo en la dirección correcta, aun cuando expresaban preocupación con algunos de sus contenidos. La dirigencia del partido Republicano respondió aseverando que el marco anunciado por los demócratas obedecía al deseo de los demócratas de politizar, para fines electorales, el tema migratorio. Ningún legislador republicano se ha declarado listo para copatrocinar una propuesta legislativa basada en el marco conceptual demócrata.
Mientras que la tan esperada propuesta senatorial bipartidista de reforma comprensiva a la ley de inmigración, gestionada y promovida por la dirigencia de RIFA, no ha llegado ni a ser introducida, la iniciativa política estratégica en cuanto a política de inmigración, como también en cuanto al trato que se debe dar a personas migrantes (particularmente la población extranjera no autorizada), ha sido una vez mas retomada por los sectores políticos motivados por una agenda racista y xenófoba. Con la aprobación definitiva, a manos de la gobernadora Jan Brewer de Arizona, de la propuesta SB-1070, las fuerzas políticas pro derechos de inmigrantes han sido una vez más puestos a la defensiva.
El pasado 25 de mayo, y seguido de una reunión con legisladores Republicanos, el Presidente Obama anuncio el despliegue de 1200 efectivos de la Guardia Nacional, acompañado de una solicitud de $500 millones adicionales de gasto en función de un mejor control fronterizo. Si bien el Presidente y sus asesores explicaron de manera posterior al anuncio que el despliegue de la Guardia Nacional, como la solicitud de fondos para gastos adicionales no estaba relacionados a la aplicación de la ley de inmigración, sino únicamente a labores de apoyo en cuanto al tráfico de armas y de drogas, la percepción pública predominante ha sido que el Presidente hizo una concesión unilateral muy significativa a quienes han venido justificando la recién aprobada ley anti inmigrante de Arizona, como necesaria ante la inacción y negligencia del gobierno federal en lo referente al control fronterizo y la débil aplicación de la ley de inmigración actual. Al igual que ante otras concesiones hechas unilateralmente por líderes del partido Demócrata, el partido Republicano y las fuerzas políticas motivadas por el racismo y la xenofobia, únicamente han demandado muchas más concesiones.
En síntesis, las acciones recientes en cuanto a ley de inmigración por parte de líderes Demócratas del Senado, y del mismo Presidente Obama han puesto en evidencia dos de las principales fallas estructurales del enfoque de trabajo denominado CIR: En términos sustantivos, la narrativa del debate ha continuado siendo determinada y dominada por los sectores políticos racistas y xenófobos. Dichos sectores han venido consolidando el apoyo con el que cuentan dentro del partido Republicano, y efectivamente cambiando también la manera de pensar de muchos líderes demócratas, quienes parecen haber hecho suyas muchas de las premisas primeramente introducidas por sectores políticos cercanos al partido Republicano. Lo segundo es que a pesar de esa enorme concesión unilateral, el balance último en cuanto a reclutamiento de copatrocinadores republicanos sigue siendo cero. Consecuentemente, el enfoque de trabajo de incidencia política denominado CIR ha entrado una vez más en crisis, al no contar con el número mínimo de apoyos legislativos que harían viable tal tipo de reforma.
Las movilizaciones comunitarias en conmemoración del 1ro de mayo, las cuales han ganado fuerza en los últimos años como consecuencia de la participación de comunidades inmigrantes en los EUA, se tornaron este año en acciones de rechazo a la recién aprobada ley en el estado de Arizona. Las demandas en torno a una reforma migratoria comenzaron a ser más específicas: Aprobar el DREAM Act, aprobar Ag-Jobs, detener las deportaciones, cancelación inmediata de los acuerdos de colaboración (287 (g), comunidades seguras, etc.) entre la policía federal migratoria (ICE, por sus siglas en ingles) y los cuerpos locales de policía, referentes a la aplicación de la ley de inmigración, etc.
¿Porque ha fallado el esfuerzo denominado CIR, a pesar de ser hoy más fuerte que nunca antes?
En pocas palabras, porque la articulación de la campaña denominada RIFA, se concibió de manera divorciada del entorno político, económico, social y electoral que ha caracterizado a la realidad de la sociedad estadounidense a lo largo de los últimos años. En vez de haber diseñado una estrategia política y legislativa a partir de la realidad tal y como ha sido, los impulsadores del esquema denominado CIR han pretendido impulsar un esfuerzo esencialmente legislativo que ha venido chocando con la realidad. Los diagnósticos políticos hechos por la cúpula dirigente del esquema CIR han pretendido imponer sus aspiraciones de manera caprichosa, lo cual les ha llevado a pronosticar equivocadamente que la aprobación de una reforma migratoria comprensiva era inminente. Esta burbuja o microcosmo analítico conllevo a que en diciembre de 2008 se predijera que la victoria seria alcanzada para el verano del 2009 o en el peor de los casos, para el Día de Acción de Gracias del mismo año. Desdichadamente, preciados recursos financieros han sido consumidos a lo largo de los pasados ocho años, sin que haya resultados duraderos que mostrar a cambio.
Algunos de las grandes realidades que han sido ignoradas, o que han sido interpretadas de manera extremadamente convenientes por parte de los proponentes y principales impulsadores del esquema denominado CIR son las siguientes:
1. El trato que se debe dar a la población extranjera de hoy, al igual que el tema de reforma a la política de inmigración, no son temas resolubles a raíz de cuan importantes son para la comunidad Latina/Hispana en los EUA. Estos temas, debido a sus múltiples connotaciones económicas, sociales y culturales; dejaron de ser temas tangenciales de la vida política del país, y se han convertido en grandes temas de nación. Consecuentemente, el que el ahora Presidente haya prometido que iba a conseguir la aprobación de una reforma comprensiva a la ley de inmigración en su primer año de gestión presidencial ante públicos de origen Latinoamericano, no podía tomarse como una promesa realista, ya que el presidente no hizo tal promesa ante sus compromisos amplios con la nación en su totalidad.
2. El triunfo electoral del partido demócrata en las elecciones de noviembre de 2008, el cual dejo a dicho partido en el control de ambas cámaras legislativas federales, de ninguna manera podía interpretarse como un sinónimo de apoyo mayoritario en pro de una agenda afirmativa pro derechos de inmigrantes o pro reforma comprensiva a la ley de inmigración. Tanto en el Senado, como en la Casa de Representantes, ha habido grupos de legisladores demócratas que ostentan posiciones llanamente anti-inmigrantes y definitivamente en contra de cualquier reforma legislativa que otorgue residencia permanente a inmigrantes indocumentados que residen en los EUA.
3. La crisis económica que comenzó a configurarse a finales del 2007, la cual a partir de diciembre de ese año comenzó a expresarse en la perdida sistemática de puestos de trabajo, continuo en un patrón de deterioro a lo largo del 2008 y del 2009, al grado que para enero del 2009, se habían perdido casi 4 millones de puestos de trabajo. Dicho patrón de pérdidas de puestos de trabajo continúo empeorando hasta finales del 2009. Esta realidad ha venido haciendo imposible la viabilizarían de una reforma comprensiva a la ley de inmigración, incluyendo una tan punitiva como la que se ha venido rumorando desde el Senado de los EUA.
4. Más allá de la perdida sistemática de puestos de trabajo, la crisis financiera doméstica y global que ha puesto el modelo global de capitalismo promovido por Wall Street a lo largo de las últimas décadas en una condición de crisis, no ha permitido dedicar capital político a tantos temas controversiales de manera simultánea tales como la reforma al sistema de salud, la reforma a la política energética, la reforma al sistema financiero mismo, etc. Todos estos temas han sido claramente identificados por la Administración Obama como temas prioritarios ante la nación entera. En el último mes, el derrame de petróleo en el Golfo de Mexico ocasionado por la compañía petrolera multinacional BP, se ha añadido a la lista de grandes desafíos políticos que ha tenido que enfrentar la Administración Obama.
5. La decisión del liderazgo Republicano en ambas cámaras del Congreso de obstruir sistemáticamente la agenda política y legislativa del partido Demócrata, y más específicamente, la gestión Presidencial de Barack Obama, dejaba muy poco espacio para colaboración bipartidista. Como lo demostró el muy escaso apoyo republicano para temas de importancia sistémica para los EUA, tal como el paquete de recuperación y estímulo económico aprobado a principio del 2009; y como lo dejo claramente demostrado el largo debate y eventual aprobación de la reforma al sistema de salud (sin apoyo republicano alguno); el partido republicano no ha mostrado disposición seria de colaboración bipartidista alguna.
6. Más allá de la decisión obstruccionista del partido republicano en el Congreso de los EUA, las fuerzas políticas más conservadoras del país han venido articulando una agenda muy beligerante en contra del Presidente Obama. Dado el enorme peso ideológico de los temas inmigrantes y política de inmigración, ha sido muy previsible que si en las condiciones actuales el tema de reforma a la política de inmigración pasara a ser un tema central de la gestión política del Presidente Obama y del liderazgo demócrata en el Congreso, esto causaría una movilización visceral de los sectores sociales que giran en torno al denominado “Tea Party Movement,” al grado que complicaría enormemente la dinámica electoral para el partido demócrata en camino a las elecciones de término medio a realizarse en noviembre de 2010.
Estas son únicamente algunas de las características del gran entorno en el que hemos venido funcionando a lo largo de los últimos años, y que si hubieran sido interpretados de manera objetiva, seguramente habrían conllevado a una estrategia política y eventualmente legislativa, muy diferente a la que ha venido siendo impulsada por la dirigencia del esquema denominado CIR.
La carencia de una estrategia política cimentada sólida y objetivamente en la realidad, a diferencia de una basada en una interpretación selectiva y a conveniencia propia; ha conllevado a la siguiente paradoja: La incapacidad de avanzar sustantivamente una agenda política pro-inmigrante y pro reforma migratoria justa; está sucediendo al mismo tiempo en que la infraestructura organizacional de los impulsadores del esquema CIR es más robusta y mejor equipada que nunca antes en la historia.
¿Cómo avanzar en el 2010 en la dirección correcta?
Indudablemente, las comunidades inmigrantes han venido sufriendo de manera sistemática las consecuencias del marco jurídico profundamente punitivo, excluyente y restrictivo que se puso en vigencia a partir de 1997, como consecuencia de la aprobación en 1996 de varias leyes federales, en particular la Ley para la Reforma de la Inmigración Ilegal y la Responsabilidad del Inmigrantes, conocida como IIRIRA por sus siglas en ingles. Además de los cambios en la ley en si ya mencionados, la narrativa nacional que presenta al inmigrante de hoy como una amenaza para la nación, ha seguido predominando en el debate público y legislativo hasta la fecha. Como las estadísticas relacionadas a la aplicación de la injusta, obsoleta e inmoral ley de inmigración actual lo demuestran, las principales víctimas de esta política han sido las comunidades inmigrantes latinoamericanas y caribeñas, especialmente la comunidad inmigrante mexicana.
Como cosa de principio, y como meta ideal de largo plazo, no hay duda que la ley de inmigración de los EUA merece ser reformada en su totalidad. Sin embargo, la historia de los pasados ocho años ha demostrado que independientemente de su mérito, una reforma integral a la ley de inmigración, hecha de un solo golpe, ha demostrado ser inalcanzable. En otras palabras, los esfuerzos en pro de reformar la ley de inmigración por medio de propuestas de reforma comprensiva, aun cuando cada una de esas propuestas han estado cada vez más cargadas de contenidos punitivos, excluyentes humillantes de las comunidades inmigrantes; han sido un fracaso.
El pasado 30 de mayo se llevó a cabo una reunión de emergencia de líderes Latinos e inmigrantes Latinoamericanos, co-organizada por las organizaciones socias en el esquema colaborativo conocido como Congreso Latino Nacional, del cual la Alianza Nacional de Comunidades Caribeñas y Latino Americanas (NALACC), es parte. La reunión giro en torno a cómo articular una agenda pro justicia para los inmigrantes. La más importante conclusión alcanzada en dicha Cumbre Latina fue que teníamos que trabajar en pro de alcanzar cambios legislativos iniciales concretos en el marco del año en curso. Específicamente, se acordó apoyar la aprobación de propuestas tales como la DREAM Act, AgJobs y otras propuestas legislativas de alcance limitado, que de ser aprobadas, constituirían una serie de pasos iniciales en la dirección de ir poco a poco avanzando hacia una nueva ley de inmigración, estructuralmente nueva.
Las organizaciones cuyos dirigentes nos reunimos en Phoenix, AZ estamos absolutamente claros y comprometidos con la necesidad imperativa de equipar a los EUA con una nueva ley de inmigración justa y funcional, capaz de servirle adecuadamente al país y a las comunidades migrantes en el siglo XXI. Sin embargo, reconocemos que llegar a los grandes cambios ya mencionados seguramente será el producto de un avance gradual a lo largo de varios años.
Otra de las grandes conclusiones alcanzadas es que necesitamos hacer un esfuerzo más riguroso y firme de exigencia ante el Presidente Obama en lo referente a un uso más justo y sensato de su poder de discreción en lo referente a la manera en que se aplica la ley de inmigración actual. Es urgente que el Presidente Obama ponga fin a los acuerdos de colaboración en torno a la aplicación de la ley de inmigración entre el gobierno federal y los cuerpos locales de policía, sean estos bajo la cláusula “287 (g)” de la ley de inmigración actual, o bajo el programa “comunidades seguras.” De igual manera, es urgente priorizar la aplicación de la ley en áreas de supresión y prevención de actividades criminales tales como el tráfico de armas, de drogas y la trata de personas; en vez de gastar recursos públicos para perseguir y deportar personas cuya única infracción a la ley es el trabajar en los EUA, pagar impuestos y proveer apoyo para sus familias. Los arrestos, encarcelamientos y deportaciones de personas migrantes debe cesar inmediatamente.
Otra tarea urgente será regresar a la mesa de diseño y redefinir las premisas desde las cuales se debe concebir la gran tarea de reformar la ley de inmigración. Desdichadamente, el concepto denominado “Comprehensive Immigration Reform,” ha llegado a ser sinónimo de más castigo, más exclusión y más restricciones para las comunidades inmigrantes. Es imperativo arribar a una nueva formulación de los cambios últimos que buscamos. Por sobre todo, es urgente trabajar arduamente por cambiar la narrativa que ha predominado hasta ahora en el debate político y legislativo acerca de las personas migrantes. Mientras la narrativa dominante siga siendo una que presenta al inmigrante de hoy como una amenaza para el bienestar y el progreso del país, y no como personas que trabajan duramente para ganarse la vida y proveer para sus familias, va a ser imposible llegar a una formulación justa y funcional para una ley de inmigración capaz de servirle al país y a las comunidades inmigrantes mismas en el Siglo XXI.
Wednesday, April 21, 2010
Prospectos de reforma a la política de inmigración, un proceso lleno de obstáculos e incertidumbre
¿Donde está ahora el debate legislativo y que se puede esperar para el año en curso?
Las organizaciones dirigentes de la estrategia legislativa denominada Reforma Migratoria Comprensiva (o CIR, por sus siglas en ingles) han venido ansiosamente esperando una propuesta de reforma a la ley de inmigración que se espera será liderada por los Senadores Charles Schumer (D-NY) y Lindsey Graham (R-SC). Las especulaciones son a efecto que esta propuesta será parecida a la propuesta que sucumbió en el verano del 2007. Lo que han dicho estos dos senadores es que su propuesta girara en torno a cuatro premisas: (1) Mayor control fronterizo, (2) La introducción de una rediseñada tarjeta de seguro social, equipada con parámetros biométricos a ser utilizada por todas las personas autorizadas para trabajar en los EUA (extranjeros y nacidos en el país por igual), (3) Un programa de empleo temporal para trabajadores extranjeros, y (4) Un programa de “legalización” para personas extranjeras no autorizadas que ya viven en el país.
Sin embargo, tanto el Sen. Schumer, como también voceros de la casa Blanca, han afirmado en repetidas ocasiones que para poder presentar esta propuesta, se requiere que haya cuando menos dos copatrocinadores republicanos. Hasta la fecha, únicamente el Sen. Graham (R-SC) ha manifestado estar interesado en ser socio de los Demócratas en este esfuerzo. Sin embargo, el mismo Sen. Graham ha declarado en varias ocasiones, posterior a la aprobación de la reforma al sistema de salud, que dada la manera como se aprobó dicha ley (sin apoyo republicano), el ya no está dispuesto a trabajar con los Demócratas en un esfuerzo por reformar la ley de inmigración.
Por el otro lado, e independientemente de que estén considerando hacer los Republicanos, la dirigencia del partido demócrata ha venido recibiendo mucha presión por parte de voceros de la comunidad Latina, a efecto de que si no hay acción afirmativa sobre el tema de reforma a la ley de inmigración, no va a ser posible movilizar el voto Latino en las elecciones de noviembre próximo. Independientemente de que tan seria sea esta amenaza, lo cierto es que en algunos casos específicos, como en el del actual presidente del Senado, el Senador Harry Reid de Nevada, quien enfrenta una reelección muy reñida, le es vital movilizar cada potencial voto de apoyo para su reelección.
Lastimosamente, y a pesar de la mucha mayor capacidad operacional alcanzada por la cúpula de organizaciones detrás de la estrategia denominada CIR, o del mucho más importante peso del voto Latino en los EUA, no se ha logrado gestionar un verdadero polo alternativo, tanto en lo político, como en lo legislativo; que nos permita romper con la lógica de ver y tratar al extranjero de hoy como si fuera una amenaza para los EUA. En el caso de la Cámara de Representantes, donde sí se presento el pasado diciembre una propuesta significativamente menos punitiva y que en muchas de sus clausulas denota una visión más justa acerca del valor de las personas migrantes para el país, la propuesta presentada en diciembre pasado ha sido mayormente ignorada hasta la fecha. Su más visible proponente, el Representante Luis Gutierrez, rara vez habla de tal propuesta.
En adición a lo ya expuesto, los Demócratas enfrentan también un grave problema en cuanto a cohesión política sobre el tema migratorio y muchos otros temas. Lamentablemente, hay aproximadamente 60 Representantes Demócratas en la Casa de Representantes que son conocidos por sus posiciones anti-inmigrantes. De igual manera, hay aproximadamente 6 Senadores Demócratas que difícilmente apoyarían un esfuerzo de reforma a la ley de inmigración, por temor a las repercusiones electorales en sus respectivos estados. Como se puede deducir, el panorama para este año es muy incierto. Y aun si el tema fuese abordado, lo más probable es que la resolución que recibiría seria una muy por debajo de las expectativas de las comunidades migrantes, y muy por debajo de lo que el país verdaderamente necesita en cuanto a una ley de inmigración capaz de ser útil para el siglo XXI, y que a su vez refleje valores humanistas, de sentido común y de inclusión democrática.
Thursday, April 15, 2010
When It Comes to “Reforming” Immigration Policy, Actions and Inaction Speak Louder Than Words
Let us take a look at just three examples.
1. Deportations under the Obama Administration. The first year of President Obama’s Administration registered a record number in deportations: nearly 390,000 people. About three quarters of them did not even have a criminal record. They were people whose “crime” was to cross a line in search of survival. Whether or not the remaining quarter could be deemed hardened criminals is suspect given the way current immigration law defines an aggravated felony as it relates to immigrants, even if the person is a legal permanent resident.
For us immigrants, anything that carries a sentence over 365 days, even if the punishment is community service, constitutes aggravated felony and makes us deportable. This is how 3 DUIs, for instance, qualify us as “aggravated felons” who, after serving our debt to society by spending our due time in jail, are deportable. Talk about cruel and unusual punishment! And the punishment extends to the families of the deported as well. For each person deported there is a family torn apart, a spouse or children or older parents who will suffer the separation of a loved one they are uncertain when they will see next and who will endure economic hardships if the person deported is a breadwinner in the family.
2. Deportation Quotas. A memo was leaked a few weeks ago showing that a high-ranking official at the Immigration and Customs Enforcement (ICE) Agency, had issued orders to field officers to step up efforts so that the yearly quota of 400,000 deportations could be met by the end of September. The orders contradicted Homeland Security’s assurances that the focus of deportations would be on “removing” violent and repeat offenders, since to meet the quota, ICE will have to cast a much broader net.
3. Anti-Immigrant State Laws. Adding to already controversial anti-immigrant state laws, this week the Arizona state legislature approved a law that would deputize police officers into immigration agents. The law allows police officers to detain people merely on the “reasonable suspicion” that they lack legal immigration status. What does “reasonable suspicion” mean? Clearly, this will only institutionalize racial profiling since the only “evidence” police officers will have to detain people will be the way people look or speak. The racial profiling will hurt Latinos most of all, regardless of our immigration status.
Actions, indeed speak louder than words. Despite the fact that President Obama himself has publicly decried the immigration system as “broken” and in need of “fixing”, he has allowed his Secretary of Homeland Security, Janet Napolitano, to use the very same law to deport people and terrorize our families and wreak havoc in our communities.
Inaction, indeed, speaks louder than words. Despite the campaign promises and the political posturing of so many elected officials, their lack of real action sets the tone, promotes and legitimizes local and state legislation such as the one approved in Arizona this week.
In the absence of swift movement by the U.S. Congress to truly reform our immigration system in a way that can make us all proud because it respects the fundamental dignity of immigrants, because it reflects our contributions to this country and because it is congruent with this nation’s foundational values of equality and justice for all, raids and deportations MUST come to an end. President Obama has the Executive authority to command his Secretary of Homeland Security to halt all deportations until the U.S. Congress does its job. We want action, action that will end the suffering and anxiety in our communities, not just words.
Tuesday, March 30, 2010
The Stockdale Paradox and the Immigrant Rights Movement
Despite this reality, CIR advocates have been assuring us that CIR is imminent, first claiming that it would be a reality by Thanksgiving of 2009. Of course we know now that Thanksgiving came and went without such thing. Still, they have continued to assure us that if the movement presses forward and doubles up efforts, it will succeed in delivering a legislative win this year.
One could admire such resolute faith, except that facts mount daily, pointing to a much different reality, so that such faith is beginning to look more like delusion.
What are we to do as a movement?
In his best-selling management book From Good To Great, author Jim Collins identifies the factors that catapulted mediocre companies into long-standing successes . Among them was what Collins calls the “Stockdale Paradox”, after Vice Admiral James Stockdale who survived seven years as a prisoner of war in Vietnam. During his captivity, Stockdale was subjected to all manner of torture and abuse, and unlike many of his fellow prisoners, he made it out alive.
Stockdale is known for having said of his experience that he “never lost faith in the end of the story. I never doubted not only that I would get out but also that I would prevail in the end and turn the experience into the defining event of my life, which in retrospect I would not trade.” Further, when asked about those who did not make it, Stockdale declared “Oh, that’s easy. The optimists….The ones who said ‘We’re going to be out by Christmas.’ And Christmas would come and Christmas would go. Then they’d say ‘We’re going to be out by Easter.’ And Easter would come and Easter would go. And then Thanksgiving, and then it would be Christmas again. And they died of a broken heart.”
The moral of Stockdale’s story, in his own words, is that: “You must never confuse faith that you will prevail in the end—which you can never afford to lose—with the discipline to confront the most brutal facts of your current reality, whatever they might be”.
What can we, as an immigrant rights movement, glean from the Stockdale Paradox?
First, we must keep the faith that we will prevail. But, at the same time, we must confront the brutal facts of our current reality. And what are these facts?
Let us start by paying close attention to the public discourse of elected officials such as President Obama and Senator Schumer and Graham. What do their words tell us when they place border security and enforcement above all else and talk about a “tough but fair” path to so-called legalization? Let us play close attention to the overall legislative and political panorama. Where does immigration reform fall in the list of priorities for elected officials, or for the general public for that matter? How does immigration reform compare with jobs, the economy, and energy policy to name a few? Let us pay close attention to the actual actions of the Obama Administration and the fact that deportations have increased in the past year. Let us pay close attention to the charged rhetoric surrounding immigrants and to recent actions at the local level by such states as Arizona that has preliminary approved actions by local police departments to arrest undocumented immigrants on “trespassing” charges.
What does all of the above tell us about the realities we confront as a movement?
We cannot build castles in the sand. It is only when we take stock, in an honest way, of the conditions that surround us that we are able to respond accordingly. If we ignore these realities, we will be going around in circles, and not only waste precious resources in the process, but worse yet, so misguide our people, our constituencies, our allies and potential allies that they will lose hope and it will be that much more difficult to organize and mobilize them when the conditions are ripe.
The time right now is for deep organizing and alliance building at the local level. The time right now is for detoxifying the environment that will create the conditions for real immigration reform that will not criminalize immigrant communities and that will abolish egregious aspects of our current law that wrench apart our families, violate civil and human rights and destabilize our communities. The time right now is to humanize the immigrant community so that we are no longer seen as the “illegal aliens” that deserve to be punished, but rather as the neighbors who have been among us and beside us, contributing with the sweat of our brow and enriching the cultural tapestry of this nation.
Thursday, March 25, 2010
Why Real Changes to Immigration Policy Have and Continue to Elude Us.
Known all too well by immigrant communities, yet virtually unknown to the general public, IIRIRA closed-off many avenues to U.S. citizenship; created many new bars to access to permanent residency visas; retroactively reclassified minor offenses to the law into aggravated crimes; restricted public benefits to immigrants who are legal permanent residents; bolstered enforcement; and eroded due process for immigrants in detention centers and deportation proceedings. IIRIRA basically established the legal framework that has been in place over the past 15 years and which all sides of the political spectrum claim is “broken” and needs fixing. Given our numbers, Latino and Caribbean immigrant communities have been the primary victims of these changes in the law.
Since 1996, immigrant communities have been losing serious ground as the political space has been filled by a small but loud and influential chorus of anti-immigrant voices who have successfully sowed fear and hatred, making it virtually impossible to fix anything in IIRIRA, let alone entertain more visionary changes that will bring U.S. immigration policy in synch with 21st century realities of a more interconnected and “globalized” world. Recent efforts in 2006 and 2007 to enact what has come to be known as “comprehensive immigration reform” have failed; and while Senators Schumer (D-NY) and Graham (R-SC) recently unveiled a “framework” for comprehensive immigration reform that ostensibly would be presented in the Senate in an unforeseeable future, the truth is that we do not have the political conditions for any kind of immigration reform to take place any time soon, let alone one that truly transforms the brokenness of the system that IIRIRA established. The politics of mid-term elections will dictate conservative behavior on the part of incumbents running for re-election as well as political posturing to convince certain voting blocks, like Latinos, that they are doing what they can to deliver on promises, such as immigration reform, without actually doing much about it.
What is at the heart of the contentiousness regarding immigration reform? Why is it such a “hot potato” few elected officials are willing to touch? A recent posting in the Opportunity Agenda’s web site correctly points the finger to the dominant narrative regarding immigrants that has taken hold of minds and hearts in the U.S. Indeed, it is clear that not only is IIRIRA premised on a particular story about who we are as immigrants, but that the current political discourse continues to reinforce and even embellish the same story as well.
What is this story? According to The Opportunity Agenda, the anti-immigrant movement basically says that immigrants violate the law and that we overwhelm scarce resources. Unfortunately, The Opportunity Agenda’s analysis does not go deeply enough to the real heart of the matter. It is not surprising, then, that their “alternative” narrative is not doing much to detoxify the political climate surrounding immigrants and by extension to truly create favorable conditions for changes that will fix our broken immigration system.
What is missing from The Opportunity Agenda’s analysis is how at the core of the anti-immigrant narrative is the systematic dehumanization to which immigrant communities have been subjected over the past two decades. This dehumanization is encapsulated in pejoratives such as “illegal” and “criminal aliens.” This kind of “otherness” is necessary to scapegoat a group of people in order to protect the status quo and advance a particular agenda. Dehumanizing and “othering” to serve the interests of political and economic elites and justify gross human rights abuses has historic precedents. A few of these examples are slavery and the Holocaust.
Despite the fact that clearly no human being is “legal” or “illegal” since only things and actions can be labeled as such, immigrants who cross the border without inspection or overstay a visa continue to be subjected to these terms without critical awareness from most of society of how wrong and immoral such terminology is. There is hardly any consciousness of what such terminology does to our psyches, both immigrants’ and native born; for, what is one to do with “illegals”? This is how we become desensitized and may turn a blind eye when immigrants die in detention centers for lack of medical care, or suckling babies are wrest from their mothers, or children come home from school to find their parents are no longer there or witness the actual apprehension of their parents in the middle of the night by immigration officials and the police departments that collaborate with them. Moreover, to ease our collective conscience, there is a law that justifies these actions against human beings. Never mind that the law itself is broken. Never mind that laws should serve and protect people and bring about equity and justice. Never mind that we have examples of bad and immoral laws, such as slavery, that eventually must be abolished.
More worrisome is that the “illegal” framework has become so entrenched in our collective mind that even well-meaning people seem to have internalized it as well. For example, advocates in the beltway readily adopted the term “legalization” to get around the problematic term “amnesty” without realizing that such a term plays into the “illegal” framework , for how can we “legalize” human beings, given that no human being is Illegal? Another example is when they advocate for a “legalization” program so that undocumented immigrants can get “right by the law.” Clearly, these examples do nothing to tear down and expose the dominant narrative of immigrants as “illegals”.
The Opportunity Agenda is promoting an alternative narrative focused on three elements: workable solutions, upholding our values as a nation; and moving forward together. This is a good start, but again, it is not sufficient because it does not address the “othering” and dehumanization of immigrants. It does not challenge the grossly incorrect and immoral story that the anti-immigrant movement tells about who we are. Further, a “workable solution” is too vague and is open to interpretations that may not be in the end “workable” for immigrant communities, particularly if the “Illegal” vision continues to hold sway.
Latino and Caribbean immigrants believe that it is urgent to challenge the lies and distortions that are said about us. We believe it is urgent to challenge the abstractions that do not allow people to connect with our essential human nature and what we really mean to this county. We believe it is urgent to shed light on our truth and reclaim our humanity. We have an important story to tell of our courage and perseverance in embarking on perilous journeys so that we and our families have a shot at a future. We have an important story to tell of our sweat and tears as we forge a new life in this country and contribute to its economic wealth while we suffer years of separation from loved ones and often exploitative working conditions. We have an important story to tell of how our diverse and multicultural roots enrich the tapestry of this country. The day people wake up from the abstraction of the term “illegal”, they will connect with our essential human nature. That day, we will no longer be feared or hated, for people will see themselves in us. Until that day arrives, we will continue our struggle for changes in immigration laws that truly reflect who WE ARE.
Tuesday, March 23, 2010
Will We See Action in Congress After the March 21st Pro-Immigrant Rights Rally?
It is an answer difficult to understand, unless one happens to be familiar with the larger political and legislative trends that effectively dominate the nation nowadays. In as much as one would like to see immigration policy reform become the next big policy priority for President Obama and for at least every Democrat in the Senate and the House, every major indication suggests otherwise. With the exception of health care reform, which has been all along a paramount political priority for President Obama and the Democratic Party leadership; the other top priorities are job creation/economic recovery management, financial system reform, education reform, and energy reform. The reason why every one of these policy areas are so important is because each one of them has great potential to be major assets for the Democratic Party heading into the midterm elections to be held this coming November.
One of the reasons it has been so hard for Democrats to line up behind their leaders in support of health care reform is that many of them fear a backlash in their respective localities coming next November. They are desperate now to take the lead on issues that can effectively put behind the contentious nature of the health care reform debate. Given the growing number of democratic seats in the House and the Senate considered at play, Democrats are desperate to put their arms around issues that can effectively place Republicans on the defensive. Unfortunately, the Democratic Party has not been able to redefine the national narrative and the nature of the policy proposals when it comes to immigrants and immigration policy. Consequently, the Republican Party continues to have the upper hand in the way immigration policy gets to be framed and debated.
The framework presented by Senators Schumer and Graham, is not that different from the premises that led to the policy reform bill filed in May of 2007 and defeated in June of the same year. Even if the Democratic Party wanted to go it alone on immigration policy reform, as they did with health care reform, the rules of the Congress does not allow it. There can only be one bill passed via the budget reconciliation parliamentary rule in any given year. Besides, chances are they would have a hard time lining up all Democrats in Congress behind any immigration policy reform bill, let alone one that would truly take us in a humane, truly common-sense driven path when it comes to immigration policy. Therefore, a national debate on this topic before the midterm elections is highly unlikely, and perhaps undesirable, as it is likely to be dominated by Republicans.
The downside of not moving forward legislatively is the potential of alienating a segment of Latino voters for whom immigration policy reform is a central motivating element when it comes to deciding whether they will vote and for whom will they vote next November. To the extent that most Democratic House and Senate seats considered at risk next November happen to be in districts and states where the Latino vote commands a decisive weight, the chance of influencing what gets to be a legislative priority increases. Otherwise, the Democratic Party will conclude that it is enough to provide indications of their commitment to an eventual immigration policy reform in the hope Latino voters consider this to be enough. After all, it is no secret that many voters (particularly registered Democrats) tend not to vote in midterm elections, Latino voters included.
While there is an unprecedented well-funded national campaign to reform immigration, unfortunately the political moment is not propitious for such a campaign to be successful. It is indeed quite a paradox that having an unprecedented well funded national campaign to reform immigration should happen at such a difficult political moment. Sadly, while the pro immigration reform lobby has come to be more robust and diverse than ever before(to the point of having dedicated organizations exclusively working the media and communications, electoral grassroots mobilization and legislative fronts, all properly decentralized and generously staffed); this unprecedented operational strength does not translate into legislative traction. Furthermore, this unprecedented strength has not translated into a decisively different, pro immigrant, national narrative when it comes to how immigrants and immigration policy are talked about. The fact that the adjective “illegal immigrant” continues to be widely used to refer to human beings who happen to be immigrants without immigration authorization is one way to measure how little things have changed. Immigrants and immigration policy reform continue to be as toxic in the way they are talked about now as they were in the summer of 2007.
In spite of the odds of advancing a positive, all inclusive legislative reform agenda, there is room for progress. First of all, if all immigrant rights organizations manage to laser-focus on the Obama Administration’s discretionary authority, we could bring about a significant change in the way immigration enforcement is implemented over the next couple of years. There is so much more President Obama can do in the service of alleviating the life of immigrant communities. From backing off in terms of I-9 audits, to suspending collaboration agreements between ICE and local police department, to reorienting the use of human resources from going after absconders, to going after abusive employers. These changes alone would bring much needed relief to immigrant communities. The bottom line is that there is so much more that could be done administratively without having to wait for Congress to act.
In the area of limited scope legislative changes, there has been a lack of creativity and political boldness. When the Republican Party commands the numbers Democrats do now, in the House and the Senate, they manage to get away with many changes without having to concede much to the other side. The standard answer provided when the notion of an incremental approach to immigration reform is suggested, is that the enforcement quid pro quo would be too costly. This is only true if the Democrats were to be far more generous with the other side than Republicans have ever been over the past three decades. In other words, there is potentially great room to advance gradually in the course of 2010 towards the kind of immigration policy reform the country needs and immigrant communities deserve.